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lunes, 8 de febrero de 2010

Riñas de gallos: no hay más ciego que el que no quiere ver


(Por F.S.) El escritor español Rafael Sánchez Ferlosio fue el responsable de la letra de la canción popular y antifranquista “Los dos gallos”, que recreando una pasión españolísima como la riña de gallos, se convirtió en un himno político e ideológico, que en América Latina cantó el dúo uruguayo Los Olimareños.
Pero saliendo del terreno de la poesía militante, la riña de gallos, como práctica “deportiva”, está prohibida total, o parcialmente, en la mayor parte de los países del continente americano.
En Argentina, durante la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento (1868-1974), se sancionó la Ley de Protección Animal. Y en 1954, la Ley Nacional 14.346, por medio de la cual, entre otras numerosas formas de maltrato animal, se prohibieron las riñas o peleas de gallos.
En su inciso 8º del artículo 3º, la Ley Nº 14.346 señala que “Serán considerados actos de crueldad”, “realizar actos públicos o privados de riñas de animales, corridas de toros, novilladas y parodias en que se mate, hiera u hostilice a los animales”.
Y poco antes, en su artículo 1º establece que: “Será reprimido con prisión de quince días a un año, el que infligiere malos tratos o hiciere víctima de actos de crueldad a los animales”.
Dos provincias argentinas tienen legislaciones propias que van contra la ley nacional, y habilitan las peleas de gallos: San Luis y Santiago del Estero.
Sin embargo, como ocurre con respecto a muchos otros episodios, aunque la ley existe y es clara, no se cumple con sus postulados.
Así, es frecuente encontrar en las noticias (aunque muy esporádicamente), informes sobre peleas clandestinas frustradas por la policía, o detenciones de los responsables de llevar adelante esas prácticas.
Sin embargo, el dato más singular es que basta con introducir en una web de búsqueda como “Google” la frase “gallos de riña”, para que, sólo en Argentina, aparezcan 40.100 resultados. Por “gallos de pelea” surgen 28.100 propuestas.

Para ver, y elegir
Lo singular es que estos resultados no muestran sólo denuncias sobre peleas de gallos, advertencias de proteccionistas, o detalles acerca de la legislación vigente.
Los resultados en un buscador web, y sin necesidad de profundizar demasiado en la búsqueda, conducen, por ejemplo al sitio “Gallos Argentinos.com” (http://gallosargentinos.com/), que ofrece todo tipo de información respecto a la crianza y preparación de gallos de riña.
En su edición del 11 de noviembre de 2007, el diario Perfil planteaba que en Argentina “hay cerca de 100 mil “galleros” que se enfrentan con las organizaciones protectoras de animales, que consideran a las riñas como un acto de crueldad”.


Y añadía: “Crece el auge en el Conurbano”, es decir, en el conglomerado urbano más importante del país situado en torno a la Capital Federal.
La prueba de que las riñas de gallos existen, y se extienden mucho más allá de las provincias donde la ley las permite no sólo está dada por las noticias que reflejan los casos detectados y frustrados.
La misma búsqueda en la web propone, por ejemplo, el sitio OXL, y allí, el aviso que anuncia la venta de gallos de riña en la localidad de Pergamino (provincia de Buenos Aires) por la suma de 500 pesos.
Reza el aviso: “Vendo gallos de raza listos para pelear a $500 c/u Excelente combate. Riñas ganadas en Brasil”. Añade la dirección y el teléfono del vendedor. Y es sólo un caso.
Como parámetro, vale señalar que la asignación universal por hijo dispuesta por el Gobierno argentino es de 180 por cada menor de 18 años. Es decir que cada gallo vale lo que una familia de bajos recursos percibe en un mes para la cobertura de las necesidades de tres de sus hijos.
Sin embargo, en Mar del Plata, y también a través de OXL, los mismos animales se ofrecen a 800 pesos.
Pero eso no es todo, porque hay quienes no se contentan con poner un precio fijo, y apelan a la posibilidad de ganar aún más, subastando a sus animales.
Así lo hace, a través del portal de compra y venta “Mercado Libre”, un socio residente en el partido de San Martín, en el Conurbano, que ofrece: “Tengo gallo shamo, asil, calcutas”.
Pese a que la violación a la ley está plasmada en la web, al alcance cualquier usuario, y sin necesidad de ser habitué de los círculos en que se llevan a cabo este tipo de prácticas, parece ser que llegar a ellas no es tarea sencilla.
Y la pregunta que queda implícitamente flotando en el aire es cómo será posible, si no se puede evitar que se infrinja la ley en cuanto a las riñas de gallos, será posible poner freno a la venta de drogas, los desarmaderos clandestinos de autos, o la trata de personas para las redes de prostitución.

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